Los ojos de la Virgen de Chapi (II)

Mientras estaba en el cerro frente al Santuario de la Virgen de Chapi, esa noche del 30 de mayo del 2010, vinieron muchas cosas a mi mente. Sufría un ataque de pánico a consecuencia de mi acrofobia recién descubierta y peligrosamente la idea de saltar al vacío se estaba filtrando con mucha fuerza. El farallón estaba a pocos metros, simplemente era dejarme rodar y acabar con el terror que estaba sintiendo y me costaba controlar.

El 2008 entré a trabajar al Arzobispado de Arequipa y era el segundo año que viajaba al Santuario de la Virgen de Chapi, a 60 km de la ciudad, a cubrir las incidencias de la gran fiesta mariana. Ese año habíamos decidido en la oficina que viajaría para las vísperas. Las tomas fotográficas serían especiales. Para mí, en lo personal, era un pedido muy concreto el que llevaba en el corazón: por mi pequeño hijo que aún no nacía. Me había casado ese año y estábamos en la dulce espera con mi esposa Patricia.

El arquitecto de la obra de construcción del nuevo complejo, uno de los más importantes que habrá en Sudamérica, nos dijo a mí y un grupo de colaboradores de la obra para subir al cerro cercano para registrar la gran fiesta que se desarrollaba con miles de peregrinos que llegaban con mucha fe. Ese año ya funcionaba con normalidad un sistema de rotonda, por la cual había un camino alterno que bordeaba los cerros para llegar al centro poblado por la parte de debajo de la quebrada. Mientras subía, justamente las luces de los vehículos le daban forma al santuario, era impresionante.

 

Llegamos al sitio denominado Tres Cruces, donde muchos peregrinos suben para colocar algunas velas y para ver el complejo en su dimensión total. Llegar allí fue un gran esfuerzo para mi sedentario organismo, acostumbrado más en esos años al trabajo de oficina que a alguno físico. Pero valió la pena, una fotografía muy especial logré tomar ese momento y con los castillos, la cual dejó en claro por la gran cantidad de peregrinos que circulaban por todo lugar.

Santuario antes del ataque de pánico

Yo estaba listo para bajar, cuando el jefe del grupo nos invitó a seguir escalando para llegar a una parte donde veríamos mejor la fiesta. Tuve algo de recelo, pero igual fui, animado por la idea de tomar otra foto más que coronara el esfuerzo de la subida. A medio camino algo empezó a fallar en mi ánimo, en ese momento no lo sabía pero estaba a puertas de un ataque de pánico.

 

Para mí la Virgen de Chapi tomó importancia mientras más me conquistaba mi trabajo comunicacional. Como recuerdan si siguieron el articulo pasado, desde la universidad que no volví al Santuario ni a mi fe, pero con los años el camino de búsqueda me llevó nuevamente a confrontarme con esa fe heredada por si padres. El 2009 tuve la oportunidad de viajar a Chapi el 1ro de mayo y fue una experiencia especial que de repente algún día contaré. Esa vez comprobé algo que muchos me decía pero que yo aún no creía: que los ojos de la Virgen te sonríen.

Virgen de Chapi

Pero yo no pensaba eso cuando me salí del camino que seguía el grupo que escalaba el cerro, no lo pensé porque estaba presa de un frenesí que me llevaba a empecinarme a alejarme de todo, en especial del farallón cercano. Hasta que uno de los del grupo se dio cuenta que subía alocadamente a la punta del cerro y me llamó por mi nombre. Esa voz me detuvo y me hizo voltearme y apoyarme en mis espaldas. Al posar mi mirada hacia la inmensidad de la noche con el complejo haciéndose pequeño mientras más se acrecentaba el ataque, miles de ideas se agolpaban en mi cabeza, que si tenían que sacarme de allí en helicóptero, que si iba a tener que enterrarme en la tierra para esperar al grupo de rescate al amanecer que si y que si en una serie de posibilidades que comprende aquel que ha sufrido un ataque similar y sabe las incoherencias que piensa uno en esos momentos presa del pánico, pero la más peligrosa idea se me iba formulando: la de saltar.

Los del grupo aún no se daban cuenta de los que realmente me estaba pasando. Intenté con muchas fuerza tratar de tranquilizarme pero no podía hasta que recordé porqué estaba allí, así que le pedí a la Virgen que me permitiera salir vivo de esa, no por mi tanto sino por la vida que estaba en el vientre de mi esposa, ese pequeño por el cual había soñado tanto, que en sueños se me aparecía y jugaba conmigo, era imposible —le dije — que me dejara vencer por ese miedo, que tenía que volver para verlos. De pronto una calma me envolvió, el susurro del viento se hizo nítido y la voz de los compañeros por fin se coló entre mis pensamiento para poder hilvanar claramente las ideas y decirles qué estaba pasando. Enviaron a uno de ellos para que me ayudara a retornar al camino y llegar al observatorio. Aún con todo tomé una foto que me sorprende que saliera bien, por el estado en que estaba. Luego, en el retorno, la confianza volvió a mí.

foto despues del ataque de panico

Al día siguiente, cuando ya las exigencias del trabajo mismo me hicieron olvidar lo vivido, a través del lente telescópico de la cámara del trabajo, enfoqué un instante el rostro de la Virgen y sí, sus ojos nuevamente me sonreían con un brillo especial. Desde esa vez he tenido la maravillosa oportunidad de acompañar a la imagen original de la Virgen de Chapi en varias de sus visitas a Arequipa, en sus fiestas en mayo, en visitas de inspección, con mi propia familia y espero poder seguir haciéndolo durante el resto de vida que me queda. Gracias “Mamita” por la gracia concedida.

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Foto del autor con la imagen que se venera en el Santuario de la Virgen de Chapi – 2010

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Fotos Históricas pertenecientes al Arzobispado de Arequipa y cedidas en uso para esta crónica. Las de colores pertenecen a la década de los 90´tas y las en blanco y negro a la década de los 60´tas

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Los ojos de la Virgen de Chapi (1)

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La primera peregrinación al Santuario de la Virgen de Chapi la realicé cuando tendría unos tres años, según me relata mi madre y mi memoria no registra. Fuimos según ella, con una amiga de la familia que aún tenemos como cercana. Si me acaloré con el sol del desierto o recibí alguna bendición especial como peregrino no puedo saberlo, era muy chico. Luego, a los siete años, mi abuela materna, mi Mamá Hilaria, quiso ir al santuario mariano. Empezaba su declive a consecuencia de la edad y quería pedir el milagro de una curación a los varios males que le aquejaban, entre reumatismo, várices, una rodilla que la hacía cojear, unos hijos algo problemáticos y un nieto que ni para bastón le servía.

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Dadas las costumbres de la época, y actuales aún, la verdadera peregrinación se realizaba de dos maneras: o salías caminando desde Arequipa o hacías la caminata de fe desde Siete Toldos. Llegar hasta la quebrada en auto era considerado más un paseo que otra cosa. Así que partimos en la madrugada desde la parroquia Señor de los Milagros en Mariano Melgar, paradero tradicional en esos años. Al llegar a la explanada donde antaño había solo siete carpitas de tela que diera su nombre al lugar, empezamos la bajada por los cerros.

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La tierra rojiza para mí era extraña y aún recuerdo que me resbalaba a cada momento y conmigo mi abuela, la cual no dejó en todo el trayecto de recordarme lo inútil que era. No se malinterprete, hay personas de duro carácter criadas de manera también dura. Ella era así. Pero al llegar al Templo su enojo se dulcificó. En la Misa que se celebraba con lleno total, sus ojos estaban anegados de tristeza. Yo no recuerdo más, el camino de retorno lo hicimos en un bus y la pasé durmiendo.

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De allí en más ya no participé en las visitas a la más importante advocación mariana de nuestra región. Hasta que en el segundo año de Ing. Industrial, un amigo nos animó a varios a realizar la peregrinación desde la ciudad. Nos apuntamos varios. Yo aún no sé porqué accedí. No era mi amigo cercano, en ese entonces estaba pasando por un dilema religioso que me hacía sentir más agnóstico que otra cosa. Pero igual me preparé y quedamos en encontrarnos cerca de mi casa en Mariano Melgar puesto que de allí también sería más fácil el camino de trocha.

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En alguna parte, ya después de pasar Cuesta de Hornillos, nos perdimos. Quisimos cortar camino de repente, no lo sé, lo único que recuerdo es que estábamos subiendo desesperadamente un enorme cerro en el cual no encontramos ningún camino, así que lo hicimos con nuestros cuerpos, punzándonos con los cactos que alfombraban todo. La bajada fue tortuosa pero no le dije nada a mi compañero. Sí, me olvide de contar que al final solo fuimos los dos, nadie más. Unas luces de linternas nos devolvieron el alma al cuerpo y siguiéndolas continuamos el camino.

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chapi 7Llegar al Santuario en esos años, hablo de 1999, era encontrar una suerte de mercado ambulante impresionante. No había control con lo que se refería al comercio ambulatorio y ni que decir de los servicios públicos. Estuvimos hasta que se terminara la Misa y tratamos de emprender el camino en algún bus, pero los precios, no aptos para estudiantes universitarios, hicieron que emprendamos el camino hacia Siete Toldos. Allí llegamos y, con algo de dinero ahorrado, nos agasajamos con un chicharrón de marca desconocida. Aún no lo entendería en ese momento, pero ni idea porqué, pero me lamenté con mi compañero que no pude ver realmente a la Virgen, algo que me pasó también cuando era pequeño y las personas me tapaban, en esta ocasión la inmensa cantidad de gente también impidió que pudiéramos acercarnos a la imagen.

 

—Ya la verás cuando vuelvas —Me dijo mi compañero. En mi mente fue como decir: Ni creas que volveré a repetir esto, realmente sí estaba agotado. Lo que no sabía era que la Virgen me tenía preparado algo especial. Pero de eso y sobre los ojos de la Virgen les contaré, si así lo permiten, la próxima semana.

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Sobre las fotos: Todas menos la última las tomé el 2009, el 1ro de mayo en comisión de trabajo. La última es una foto del 2015 el 31 de octubre en la Fiesta de los Jóvenes que se realiza en el mismo Santuario hasta el 1ro de noviembre. 

¿Se puede vivir del teatro en Arequipa?

Por: Sarko Medina Hinojosa

La pregunta fue directa a tres actores y directores de teatro en Arequipa. Las respuestas variaron de uno en otro, porque no se puede estandarizar las puestas en escena en nuestra ciudad basadas en el rendimiento económico que generan, el cual en muchos casos es más a fuerza del cariño que se le tiene a las tablas que el resultado de una industria de entretenimiento y cultura que reditúe a sus gestores.

“Formalmente hago teatro desde el año 2000, pero siempre he actuado, desde pequeño, en el barrio, el colegio, por el Día el Madre, etc., sin embargo, es recién desde ese año que tuve una formación actoral”, cuenta Julio Valdivia, actualmente encargado del Área de Teatro de la Oficina Universitaria de Arte y Recreación de la UNSA y dirige las obras del Teatro Experimental (TEUNSA), actualmente con la puesta en escena de “Gorditas”.

Ante la pregunta que mueve este artículo respondió con la verdad: No, no se puede. “Solamente del teatro, no se puede, se está trabajando para ello, pero creo que aún está lejos ese momento. Todos los actores de Arequipa tenemos otras actividades que nos permiten subsistir, y hacer obras al mismo tiempo, pero es nuestro deseo alcanzar ese día en que podamos vivir solo y exclusivamente del teatro”.

—“Gorditas” de Gustavo Ott. TEUNSA, Sala María Nieves y Bustamante, Calle San Agustín Complejo de la UNSA, jueves y viernes de septiembre, 19:00 horas.

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Visión parecida comparte Andrés Luque Ruiz de Somocurcio, psicólogo, quién hace teatro desde los 15 haciendo mimo, luego vinieron los talleres de actuación, la danza y después de acabar la carrera profesional, se dedica a tiempo partido con el arte de las tablas. “Son 26 años ya”, comenta.

Sobre la pregunta aborda el tema un poco más emotivo: “Hay que vivir de aquello que te hace sentirte vivo. Mi profesión es la Psicología, de eso vivo y también del teatro, pero económicamente no es muy rentable, sin embargo eso no siempre va a ser así y estamos en esa brega”. También diseña vestuarios, sin los cuales una puesta en escena de época, por ejemplo, no impactaría igual. Presenta actualmente “Autopsia de un deseo”.

—“Autopsia de un deseo”, Artescenica, calle Cortaderas 120 al costado de la Clínica Arequipa, viernes y sábados de septiembre, 20:00 horas y domingos a las 19:00 horas


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Para el caso de César Espinoza Llerena, periodista, realmente siente que no hace teatro, por lo menos como se manifiesta la idea convencional. Lo suyo en sí es el Clown, la Impro  y el Stand Comedy, fenómenos culturales ligados al teatro pero que no se circunscriben a las salas formales sino a bares, calles, hospitales y plazas. “Conocí el clown en el 2009 y sigo haciéndolo llevando talleres, dictándolos también, presentaciones de ayuda social. Este año gané un concurso de Impro”, asevera con orgullo.

“Vivir del teatro en mi caso no se puede de ninguna manera, pero tengo amigos que hacen teatro, activaciones para empresas o malls, dan talleres de dinámica de grupos para empresas, horas locas y cosas así y viven con eso, pero si harían solo teatro no creo. Es que la gente pide teatro en Arequipa pero no van a ver las obras, por lo menos no en la cantidad necesaria para que sea rentable”, manifiesta. Actualmente por su trabajo en un medio escrito local no está participando en obras de larga temporada.

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En conclusión podemos aseverar que del teatro en sí, no se puede vivir, pero las presentaciones ligadas a este arte ayuda en mucho a que sus cultores puedan tener esos “trabajos alimenticios” de los cuales los artistas han comentado desde siempre y que les permite mantener viva esta tradición arequipeña de las tablas que si bien tiene un público ya cultivado, aún falta a muchos por descubrir. Este fin se semana ¿Qué va a hacer?, lo dejamos con las dos propuestas líneas arriba presentadas, muy buenas de artistas locales, no se arrepentirá.

Nota del autor: Obviamente que tres exponentes del arte de las tablas no hacen una investigación, falta preguntar más sobre el tema, consultar a muchos otros directores, productores, actores, etc, pero este artículo tiene el interés de abrir el debate e interesar al público en las puestas en escena locales.

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Una visita a la Basílica Catedral de Arequipa

Por: Sarko Medina Hinojosa

La Basílica Menor de Arequipa, no es la más grande del Perú aún con sus 3 mil 680 m2, tampoco tiene capacidad para miles de fieles: un poco más de 1200 por recomendación de INDECI. No es la más alta tampoco, pues tiene 44 metros de altura torres incluida. Pero para los habitantes de la ciudad significa más que un edificio, es la muestra de la fe católica que ha madurado en más de 400 años y significa orgullo histórico que trasciende la historia y hace que sea, sin quererlo así junto con la Plaza de Armas, el centro de la vida social y política de la Blanca Ciudad.

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Lo que sí tiene la Catedral, si a tesoros se refiere, es una rica colección de obras de arte celosamente cuidadas y mostradas al público desde el 2010. Este año y por tercer consecutivo, el Museo de la Catedral de Arequipa ha sido distinguido con el Premio a la Excelencia de la página web Tripadvisor, la principal en la red en cuanto a materia de turismo y recomendaciones en base a comentarios reales.

Arco izquierdo vista torre derecha catedral nave interior perpectiva trasera

Al ingresar por la recepción ubicada en la puerta norte del complejo que da a la Calle Santa Catalina, el visitante nacional o extranjero, puede empezar a contemplar piezas históricas como libros, pinturas, una dalmática, piezas litúrgicas. Luego de ingresar por un pequeño pasaje a la nave principal esta se nos muestra imponente con sus 15 metros de alto hasta las cúpulas. La primera parada que hacen los guías es en el Órgano de Loret. Allí empieza uno a maravillarse.

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Esta enorme pieza musical se instaló en 1854. Fue construido en Bélgica, por uno de los más reconocidos especialistas de Europa: Francoise Loret y  financiado por la familia Goyeneche y otras importantes de la ciudad. Un dato es que esta joya musical, fue mal ensamblada, por lo que sufrió una serie de restauraciones, la última el año 2013. Tiene 12 m de altura y 3 hermosas esculturas de madera y 1250 tubos. Un grupo de jóvenes están siendo preparados actualmente para ser organistas y mantener activo este gran tesoro. Actualmente uno puede escuchar libremente los sábados durante una hora, de 17:00 a 18:00 horas, como suena en las interpretaciones que se hacen para su mantenimiento.

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Caminado un poco más nos encontramos con el Púlpito central. Esta característica pieza es usada en la Liturgia de la Misa para que el sacerdote desde allí ofrezca su homilía, luego de la lectura del Evangelio. El de la Catedral tiene una característica única y es que un diablo penitente es aplastado por la parte principal contra el suelo, símbolo que la Palabra de Dios esclarece las tinieblas nos explican. Esta talla fue construida en Lillie – Francia por el Artista Bussine Rigot con el legado que dejó la Sra. Javiera Lizárraga, siendo albacea Mons. Mariano Lorenzo Bedoya, y traído durante la guerra de 1879. Mientras observamos la belleza de sus detalles nos informa el guía que llegó sin planos para su ensamblaje, por lo que se desconoce el significado de sus más de 500 tallas y figuras. Por el uso y el tiempo su parte central se inclinó más de 20 grados por lo que fue intervenido hace algunos años, recuperando su postura original y siendo limpiado en su totalidad para darle una rejuvenecimiento total.

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Detalle Base del Púlpito

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Con un giro pequeño nos encontramos directamente con el Altar Principal, construido con mármol de Carrara y diseñado por el escultor italiano Filippo Moratillo, al cual también se le debe la guarda eucarística conocida como la “Moratilla”. Un detalle que no se ve, porque está en la parte trasera de la gran pieza, es que el escudo del Obispo Goyeneche está tallada en el mármol, recuerdo del gran benefactor que fue.

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Nos detenemos aquí porque las salas que conforman el Museo de la Catedral: de tesoros, pinturas y vestimentas, merecen un capítulo aparte. Mientras, podemos animarlo a visitar este complejo que guarda los tesoros acumulados en estos siglos y que son presentados por profesionales quienes dominan los idiomas extranjeros y tienen preparación catequética para ofrecer una experiencia dirigida a la Evangelización. La atención es de 10:00 a 17:00 horas, de lunes a sábado y el precio de la entrada general para adultos es de 10 nuevos soles, estudiantes 5 soles y niños tres soles. Existen ofertas como el Programa Apoyo a la Niñez que busca bajar hasta un sol la entrada a escolares, mitad de precio a personas de la tercera edad y con capacidades especiales, además de cobrar también mitad de precio a estudiantes universitarios y de institutos de turismo.

catedral con luz Atardecer con Catedral

Articulo aparecido en Diario La Voz – Arequipa

Parques arequipeños: testigos de la historia

El pasear por el parque, un domingo por la tarde, es un arte que aún se mantiene en nuestra ciudad. Aún a pesar de la proliferación de centros comerciales, el arequipeño promedio visita estos lugares de encuentro, como repitiendo un ritual de nuestros ancestros

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Texto y fotos: Sarko Medina Hinojosa

Tómese de ejemplo la Plaza Umachiri en el distrito de Mariano Melgar. Las historias que se pueden revivir entre sus árboles permanecen flotando en el aire, pese a las remodelaciones varias que ha sufrido en las últimas décadas. Véase a los ancianos conversando en las bancas, a los jóvenes paseando en bicicleta o en skate, a los grupos de danza practicando, a los niños en el pasto jugando con las burbujas y las mascotas correteando.

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Las generaciones se unen en los parques

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Skaterboards hacen suyas las tardes

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Punto de encuentro de la juventud, guste o no

Como si de antaño se tratara, la historia se repite y, si es posible, ese intercambio saludable entre experiencias se seguirá dando, entando la violencia urbana no nos quite la paz y nos vuelva cada vez más herméticos y huraños, metidos en nuestras casas y movilizados solamente en nuestros vehículos sin intercambiar aires.

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Tradicionales vendedoras de golosinas aún mantienen la fe en los clientes

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Las viejas glorias son recordadas en las bancas

Estos espacios, de tierra en un inicio cuando las urbanizaciones populares ampliaron el espectro urbano hacia la campiña, los cerros y los descampados, ahora pugna por vestirse de verde y atraernos para cumplir con ese ritual tan arequipeño de pasear. Porque costumbre era de nuestros antiguos el pasear no solo por la ciudad, sino por la campiña en carricoches tirados por caballos, llegando de visita a los espacios en Cayma, Yanahuara, Sabandía hasta el mismo Characato y ni hablar de Tingo.

Selva Alegre

Esas ganas de compartir un momento en familia animó, si se nos permite creerlo así, a que el urbanista  Alberto de Rivero desarrollara por el cuatricentenario de la ciudad en 1940 un experimento urbano que proponía un gran parque, 20 veces más grande que la Plaza de Armas mirando hacia el río. Con el tiempo, el Parque Selva Alegre se convirtió en ese punto de reunión inevitable en algún momento de nuestra vida como habitantes de ésta orbe.

Parque Selva Alegre 1

Acróbatas muestran sus habilidades

Parque Selva Alegre 2

Selfie familiar en el lago

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Y sí, el lago de Selva Alegre es un punto histórico

Mucho ha variado en este espacio verde que aún se conserva como pulmón malherido de la ciudad altamente contaminada. Mucho es lo que se pueden quejar sus detractores en cuanto a la limpieza, el tumulto que se ocasiona, los animales encerrados y el peligro constante de los carteristas. Pero con todo, sigue siendo el espacio (barato) con mayor afluencia para las familias.

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Opinión personal, mal ubicado este pequeño resguardo de animales salvajes, muy chicas las jaulas

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Familias enteras disfrutando de la tarde

Coda

Salir a pasear por el parque, una pichanguita con los amigos con cuatro piedras formando los arcos, encontrarse con la noviecita, ir a que el hijo aprenda a manejar la bicicleta, reconocerse como parte de una ciudad que sigue adelante y que conserva muchas tradiciones y relajarse por un momento del trajín diario, es un regalo que debemos fomentar. Los parques deben abrirse, no enclaustrase como prisioneros de guerras políticas. No hay nada más triste que un espacio de relajación verde con bancas y juegos, ausente de los gritos infantiles, de las voces cambiantes de los adolescentes, de las memorias de los abuelos. Ojalá esto lo tomen en cuenta nuestras autoridades y fomente esa vida de fin de semana, de manera alegre y sana, ¡A lo arequipeño!

foto del autor paseando por el paruqe Umachiri

Esta foto se tomó en 1984 en el Parque Umachiri del distrito de Mariano Megar y al cual se refiere

El paso del Señor de los Milagros

Texto y fotos: Sarko Medina Hinojosa

Actualizado 2015 y aparecida en Diario La Voz

El anda del Señor de los Milagros que se venera en el Templo de San Agustín de la parroquia “El Sagrario” en el Cercado pesa media tonelada y la cargan 42 hombres por tramos de dos a tres cuadras. Cada año, desde el primero de octubre hasta el 28 del mismo mes, la imagen recorre casi todo el Centro Histórico, provocando la reflexión y devoción, sino también malestar en algunos por los problemas de tránsito que genera el paso de cientos de personas acompañando al llamado también “Cristo de Pachacamilla”.

Aún así la devoción crece y nuevas generaciones suplen a las que se van en las actividades que se cumplen en el mes, que también es denominado como la “Cuaresma Peruana” por la intensidad de la fe puesta en manifiesto en diferentes formas de veneración a Jesús Crucificado, representado en la pintura, que desata pasiones en un país pluricultural como el peruano.

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Durante esta procesión se ven algunas actitudes y acciones que identifican la devoción de los participantes. Así heridas cubiertas por una simple curita no impiden continuar con el avanzar de espaldas de las sahumadoras. Estas mujeres con una habilidad aprendida con los años, no solo caminan sin ver sus pasos, sino que alimentan al carbón con los polvos y restos aromáticos mientras cantan inclusive. Su misión es mantener el humo constante que se eleva por los aires junto a las oraciones de los fieles. Su característico vestido morado es rematado en la cabeza por una tela bordada blanca con encajes diversos. Señor de los Milagros Arequipa 2014 4

El fuego siempre arde y quema el incienso que llena la calle de humo santo.

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El intenso calor que provoca un sudor incontenible no amilana a estas mujeres que, con arte equilibrista, caminan hacia atrás, de cara siempre a su Señor.

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Delante de ellas van las “plañideras” o cantoras entonando los conocidos himnos al Cristo Morado. Desde hace varios años no se confían en la potencia sola de sus voces, por lo cual una de las hermanas lleva en un carrito de mercado modificado con un pequeño parlante con su correspondiente micrófono para que los cantos se escuchen en medio del bullicio de la ciudad.

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También están las “Descalzas”, las mujeres que llevan algunas una cruz de madera, otras alguna imagen, otras el Rosario en mano, pero en su mayoría llevan los pies desnudos, chocando la piel con los adoquines recalentados durante toda la mañana por el inclemente sol arequipeño.

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Avanzan lentamente entonando los himnos o simplemente rezando.

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Los medios de comunicación tampoco son piezas ajenas a este encuentro procesional, un testimonio, una buena toma, un ángulo curioso es lo que se busca en una procesión que, podría pasar por la comisión repetida, pero para los hombres y mujeres de prensa, siempre presenta alguna novedad.

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El “Wiwi” es al acompañante fiel de la procesión. Personaje largamente conocido en el centro de la ciudad, es uno de los fieles más devotos. Su historia ya la contamos anteriormente aquí: Locura Morada

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Otro grupo de muchachos y muchachas que ejercen una fuerza caritativa son los que sostienen y llevan las cuerdas que separan cada parte de la procesión, cuidando para que los fieles no interrumpan el paso de los cargadores y de los sacerdotes. ¡Viva el Señor de los Milagros! ¡Viva! es el grito que de tanto en tanto se oye en plena procesión y que motiva a las personas a apurar el paso, a detenerse, a volver la vista a la imagen, lo que sin lugar a dudas tienen en alerta a estos jóvenes que han aprendido a descansar el peso del cuerpo en las cuerdas para darle la tensión adecuada.

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Por otra parte estás los cargadores pertenecientes a las cuadrillas, los cuales durante todo el año se preparan para que, rítmicamente caminen como uno solo. Ese andar bamboleante ayuda a que el peso sea equivalentemente distribuido. Para ayudarse en el inicio hay una campana que toca el mayordomo mayor. Inician siempre con el pie derecho y de allí caminan el equivalente a dos cuadras, hasta el recambio correspondiente, amén de las paradas entre lugar y lugar donde se alzan los altares de las diferentes instituciones que ofrecen un agasajo a Jesús. El carguío no es cualquier cosa, exige ritmo, altura adecuada, fuerza de voluntad para no ceder a la tentación de aflojarle al hombro. Muchos mientras cargan meditan o rezan para concentrarse mejor.

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Los nuevos aparatos de comunicación digital sirven como cámaras o filmadoras improvisadas para captar el paso de la imagen.

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Formas de devoción que nos pueden parecer duras, pero son significativas para las devotas y devotos de esta advocación de Jesús. Cada uno podría contar las gracias derramadas, infinitas comparadas con el sacrificio que hacen cargando el anda o varias de ellas cruces de madera por varias cuadras, algunas hasta de rodillas.

Es indudable así que al paso de la procesión muchos sienten indescriptibles emociones que no se pueden explicar, hay que vivirlas. Para un tema tan profundo como es la fe no basta teorizar hay que experimentar. El Cristo Morado no tiene prisas, espera a sus conversos y fieles, los espera en sus templos, en su manifestación mayor cual es la Eucaristía, espera a cada uno. La decisión de acogerse a su amor es personal.

Una visita alada al cementerio La Apacheta

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La Beneficencia de Arequipa intenta desde hace algunos años que el Cementerio de La Apacheta se convierta en Museo, con visita nocturna incluida. Lo que no explota es la cantidad de ángeles que bien pueden servir para una vista de día, sin morbo nocturno que ahuyente a un público que gusta de visitar el camposanto a plena luz, pero desconoce algo de sus bellas obras.

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Visité por primera vez el Cementerio de La Apacheta allá en el 1989 cuando falleció uno de mis compañeros de primaria: Jean Lui. Esa visita, lo primero que hizo fue conmoverme y hacerme reflexionar con la muerte y luego fascinarme, porque en mi corta vida había visto tantos ángeles de piedra en un solo lugar.

Con los años mis visitas al camposanto se hicieron frecuentes. Ahora por tratar de conocer todos los mausoleos, ahora por recabar info para un reportaje en clases de Redacción y otro para el Taller de Televisión. Por eso me emociona la idea de que la gente pueda visitar este lugar de manera turística y cultural. No por nada un cementerio contiene el trazo de la historia de un pueblo que nos pone en manifiesto mucho de la riqueza de su tradición, como diría Raymondi alguna vez.

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Aladas manifestaciones

El tema pasa por abrir los ojos, dejar de ver solo placas y más placas y meterse en la historia, en preguntarte cómo vivían en esos tiempos idos, cómo eran sus vivencias, su alegrías y, en especial, sus dolores ante la muerte, sus reacciones.

Al inicio de la visita se encontrará el visitante con una alameda llena de personajes históricos, como el fundador del SUTEP Horacio Zeballos Gámez entre otros. Si se detiene en cada esquina y se atreve a internarse en el laberinto de sus pabellones, se encontrará con figuras y tallas hermosas, ensuciadas por el polvo de las centurias que dejan pensativo a cualquiera. Los sauces y molles rechinan al paso, como advirtiendo que se prepare para el encuentro próximo, pues, todos tenemos una cita con la Parca, tarde o temprano.

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Para los pabellones comunes, hay una mirada desolada, sin entender aún como se hacía esa discriminación hacia los del pueblo, encerrándolos entre cuatro paredes altas y amontonando cruces de madera y lápida. Pero no hay que juzgar, son otras épocas. Luego de visitar los pabellones nuevos y modernos, con su infinidad de estilos minimalistas, con su sector con juguetes dedicados a los niños, con otros con elementos traídos por la migración, se encontrará de lleno con el paisaje duro de los no creyentes, de aquellos que murieron de paso, de los suicidas negados al Paraíso. Allí están los masones, el sector de los Judíos, de los NN, de los olvidados por los hombres, cerca a la salida de El Frayle. Solo quedará el retorno y las propias conclusiones.

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Datos históricos

La Apacheta, (que para terminología quechua significa sitio alto, encumbrado) fue inaugurado en el año de 1837; ha pasado ya mucho tiempo y hoy lo encontramos casi en el límite de su capacidad.

“La Apacheta, es un libro abierto, un referente urbano, un álbum de fotos, un cúmulo de leyendas,  un centro documental, un museo, una memoria, una galería de arte, un lugar donde se encuentran  biografías,  un espejo de lo que somos, un espacio de encuentro, un recinto donde las tragedias se ocultan y  también, una caja mágica por descubrir”, nos anima Walther Salas, sociólogo arequipeño, quién nos recordó que existe una Red latinoamericana de Cementerios  Patrimoniales, cuyos recintos fueron puestos en valor y hoy son parte importante de circuitos turísticos en ciudades donde se ubican.

Otro entusiasta del tema, es el historiador Edgar Chalco Pacheco, fue quien nos aseguró que la visita se puede hacer en dos horas a pie, se ofrecería información sobre los estilos de las tumbas, historia, mitos y creencias e información sobre los personajes más renombrados allí enterrados: desde obreros huelguistas, santos populares, poetas, hacendados, próceres, héroes, artistas, personalidades públicas y de los artesanos que esculpieron a mano las enormes sepulturas.

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Promesa realizar otro reportaje gráfico sobre este Cementerio, pero será para otra ocasión, saludos.

Texto: Sarko Medina Hinojosa

Fotos: Patricia Chávez Indacochea